¿Fué Juana de Arco quemada en la hoguera?, ¿era Jesús el verdadero hijo de Dios?, ¿Galileo era quien decia ser?, ¿quien era en verdad el Mesias?... estas y muchas otras interrogantes de la historia de la civilización que conocemos son puestas bajo lupa en la novela historico testimonial "REVELACIONES" de José y Pepe Calabrés. Una historia llena de complots antiquísimos y persecusiones milenarias que han sido documentadas a lo largo de muchos años y han permanecido ocultas por siglos...
lunes, 12 de enero de 2009
Los Manuscritos del Mar Muerto
En 1947 Jum’a, un pastor de la tribu Ta’amireh de los beduinos nómadas, descubrió unos manuscritos antiguos en piel y tela en una cueva al noroeste del mar Muerto, en el valle de Qumran. Estos manuscritos constituían la primera parte de una colección de textos hebreos y arameos que se fueron descubriendo tras el primer hallazgo de Jum’a. Estos antiguos textos, que incluyen el Libro de Isaías completo y fragmentos de todos los demás libros del Antiguo Testamento, excepto del Libro de Ester, han resultado ser 1.000 años más antiguos que cualquier otro texto hebreo conocido. Aún así, la Iglesia reniega de estos textos que, por datación, es muy posible que sean lo más auténtico del antiguo testamento que pueda existir.
Igualmente, existen lo que son llamados textos apócrifos (del griego «oculto») constituidos por más de 100 libros escritos por autores cristianos entre los siglos II y IV D.C. Estos libros poseen dos características en común que llaman muchísimo la atención: 1) el estilo en el que están escritos es muy similar al de las escrituras del Nuevo Testamento, hasta un punto tal que se le podrían clasificar a muchos de ellos dentro de las categorías literarias de evangelios, hechos, epístolas y Apocalipsis; (b) la Iglesia no los incluye dentro de los cánones del Nuevo Testamento ni atribuye la autoría de los escritos a ninguno los Padres de la Iglesia reconocidos.
Se dice que estos documentos fueron escritos para destinarlos a iniciados en grupos tales como los gnósticos, que sostenían que la sabiduría tenía su origen en una tradición secreta, por lo que los libros que tocaban este tema eran auténticamente apócrifos, es decir, «libros mantenidos ocultos». Algunos otros fueron redactados para su uso abierto y generalizado en Iglesias a las que sus autores se integraban pero no llegaron a ser aceptados como parte del canon ortodoxo de la Biblia. Algunos de estos textos, como el Evangelio según los Hebreos, tenían un rango alto de importancia en la vida cotidiana de los cristianos de origen judío. Otros eran leídos en círculos gnósticos, como la Epístola de Eugnostos hallada en los textos de Nag-Hammadi, una colección de tratados gnósticos descubiertos entre 1945 y 1946.
La Iglesia Romana sostiene, con respecto al tema de estos textos, que estos fueron concebidos por un grupo de escritores para satisfacer la curiosidad de la gente común y rellenar «huecos» de los escritos bíblicos con fantásticos detalles acerca de los aspectos desconocidos de la vida de Jesús. Algunos nos preguntamos (sin parcializarnos, sino aplicando la razón y la lógica) ¿Cómo puede afirmar con tanta vehemencia y seguridad la Iglesia que estos textos de hace 1800 años no es más que la invención de escritores de caricaturas?, o ¿En base a que razonamiento o prueba histórica son desechados estos textos?. Algo más interesante todavía: ¿quién decide qué textos son sagrados y cuáles no?
Los católicos y los protestantes, como era de esperarse, utilizan de manera diferente el término apócrifos cuando se refieren a literatura bíblica (deuterocanónicos). Sin embargo, ambas corrientes incluyen los mismos libros dentro de los Apócrifos del Nuevo Testamento.
Es igualmente curioso el hecho de que la Santa Sede de la Iglesia Cristiana se encuentre en Roma y no en Jerusalén, tierra del Mesías. ¿Que importancia se le ha dado a lo largo de la historia a la ciudad santa?. Incluso en época de los templarios, se protegía a los peregrinos que se dirigían a Palestina y no a Jerusalén. ¿por qué había peregrinos Europeos con rumbo a Palestina y no a Jerusalén?. Es curioso que la Santa Sede se haya construido sobre la tumba de San Pedro, y que todo el poder de la Iglesia se centre en Roma cuando se conoce el sitio exacto del sepulcro de Jesús, al que por cierto no se le da la más mínima importancia. Esto da mucho que pensar.
Al igual que un sin fin de intentos, tanto las escrituras sagradas previamente filtradas por la Iglesia, la negación de otros textos y el Concilio Vaticano I (y unos cuantos más que le sucedieron) no fueron más que otro intento fallido de los perseguidores por unificar en una sola institución a todos los que pudiesen tener alguna información acerca del secreto que guardaban los caballeros invisibles.
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